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ÀGATA EN MARXA

Mucha vida después de un cáncer

Con 36 años me diagnosticaron un cáncer de mama. Al darme la noticia, añadieron algunos comentarios que me marcaron para siempre y se han convertido en el motor de lo que hago hoy en día. Me dijeron:

  1. “Es cosa del azar”: Por suerte, no me lo creí. Un año antes del diagnóstico, estaba embarazada. Comenzando el sexto mes, me puse de parto y perdí a bebé, debido a una infección. El trauma que causa una experiencia de este tipo es muy intenso. Teniendo en cuenta que llevaba desde la niñez somatizando el estrés de mi vida, en forma de calvas en el pelo, yagas en la boca y quién sabe qué otros síntomas más, ¿no podía ser el tumor una consecuencia del trauma?
  2. “No puedes hacer nada al respecto”: Tampoco me lo creí. Supongo que mi faceta profesional como investigadora y gestora de proyectos me ha llevado constantemente a buscar una salida, una solución, y a saber más. Frente a mi diagnóstico, reaccioné de la misma manera, porque en mi opinión siempre se puede hacer algo.

Así que me puse a investigar, buscando las respuestas que los médicos no me daban. Ellos se limitaban a informar acerca de los aspectos clínicos de la enfermedad, pero ¿y el resto de preguntas que cruzaban mi mente?

Una vez finalizado el tratamiento, escribí un libro “Un bulto en la mama – Tú eliges cómo abordarlo”, el libro que a mi habría gustado tener el día que recibí mi diagnóstico. Está escrito pensando en ayudar a las mujeres a tomar el control de su proceso y decidir cómo quieren vivirlo. Porque lo que ellas quieren y desean puede influir decisivamente sobre el resultado final.

“Un bulto en la mama” es el manual que recoge mis aprendizajes fundamentales a lo largo del camino del cáncer, como por ejemplo:

  • Que una buena nutrición durante y después del tratamiento, es básica para superar esta etapa.
  • Que a nosotros nos corresponde tomar las riendas de nuestro proceso, y de nuestra vida.
  • Que hay otras maneras de entender el cáncer. La medicina china, por ejemplo, lo aborda desde otra perspectiva más holística e integradora, en donde el paciente juega un papel activo en su recuperación y el tumor es un síntoma de que algo más está pasando en nuestro cuerpo.
  • Que nuestra actitud frente a lo que estamos viviendo es fundamental.

Masaru Emoto fue un científico japonés que analizó el impacto que generaban en el agua los mensajes escritos. Así, puso agua destilada en frascos estériles a los que pegó palabras: “gracias”, “bonito”, “feo”, “te odio”. Al congelarse, el agua formó cristales muy diferentes, armónicos y bellos cuando provenían de los frascos con mensajes positivos, y amorfos cuando provenían de los frascos con mensajes negativos.

Si nuestro cuerpo está compuesto por uno 70% de agua aproximadamente, la influencia que podemos ejercer sobre nuestro organismo y nuestra salud únicamente a través de nuestros pensamientos es enorme.

¿Podemos ser madres tras un cáncer?

Las mujeres jóvenes que hemos tenido cáncer, al igual que las que no lo han tenido, tenemos deseos y sueños en la vida, y el mismo derecho a cumplirlos que el resto de mujeres. Pero la sociedad aún no está preparada para ello. Te dicen:

“De qué te quejas si al menos estás viva… tener un hijo es lo de menos”.

O frases más crueles:

“¿Tener un hijo después de un cáncer? ¿Para dejarlo huérfano en unos años? ¡Qué egoísta!”

Una mujer curada de cáncer tiene tantas probabilidades de recaer (o menos) como una mujer sana. Por eso recuperar su vida tras el mal trago de la enfermedad es una opción respetable y maravillosa. Además, hay estudios científicos que demuestran que un embarazo reduce el riesgo de recaída.

Además, entre los efectos secundarios de la quimioterapia se encuentra la pérdida de la fertilidad, por lo que conseguir un embarazo no es nada sencillo.

Yo no me quise conformar, y gracias a un equipo de profesionales médicos excepcionales, cinco años después de mi diagnóstico, en enero del 2014, nació mi hijo Pol. Hoy tiene dos años y medio. Y yo sigo libre de cáncer. Pol es una razón más para seguir aferrada a la vida, y un puntal que me mantiene firme en mi deseo de estar sana, y hacer todo lo necesario para que así sea.

Durante el embarazo me mantuve activa, participando en foros y charlas en torno al cáncer de mama. Un día conocí a una mujer joven que había tenido cáncer en la adolescencia. Me comentó que su oncólogo daba por hecho que se le iría la regla y no podría tener hijos. Y ella me lo contaba con lágrimas en los ojos, aceptando cómo le cortaban las alas de forma abusiva. Su historia me removió por dentro, y sentí que había que hacer algo para ayudar a estas mujeres.

Por eso, en enero de 2015 fundé Baby Beatles, la primera organización en el mundo que ayuda a mujeres sin recursos que han tenido un cáncer de mama a convertirse en madres, financiando un tratamiento de fertilidad.

El equipo de Baby Beatles cuenta con los mejores médicos en el área del cáncer de mama y la maternidad. Cuando recibimos una solicitud de una candidata a través de nuestra web, nos ponemos en marcha:

  1. Selección de candidatas: Los comités financiero, médico y ético de Baby Beatles evalúa y selecciona a las candidatas.
  2. Selección del tratamiento: El comité médico propone el tratamiento idóneo y el lugar en dónde llevarlo a cabo.
  3. Acuerdo: Las beneficiarias deciden si aceptan la propuesta de Baby Beatles, en cuyo caso Baby Beatles llega a un acuerdo con la clínica encargada realizar el tratamiento.
  4. Baby Beatle: Si todo evoluciona según lo esperado, al cabo de nueve meses un nuevo Baby Beatle formará parte de nuestro club.

¿Por qué Baby Beatles se llama Baby Beatles? Porque a mi hijo Pol siempre le cantaba una nana de los Beatles y le decía que era mi Baby Beatle. Cuando se me ocurrió fundar la ONG, el único nombre que se me venía a la cabeza era el de Baby Beatles, porque nuestro objetivo era traer al mundo más bebés como Pol.

La vida no se para, y yo seguí avanzando. Gracias a Baby Beatles comprendí que las mujeres que me iba encontrando necesitaban a alguien que las acompañara a lo largo del proceso de búsqueda de maternidad. Me formé como coach profesional para ayudarlas a recuperar su fuerza interior, ésa que hará que sus sueños se hagan realidad, de una u otra manera.

Además, trabajo directamente con los médicos y profesionales sanitarios, ayudándoles a humanizar la salud y su relación con el paciente.

Cada mañana me recuerdo a mí misma lo afortunada que soy por poder vivir la vida que deseo, y me empapo de mis tres perlas de aprendizaje:

  1. Tenemos la fuerza para decidir cómo queremos vivir el proceso: No dejemos que nadie nos la quite. Es nuestra vida, y lo mejor es implicarnos y tomar las riendas. Porque si nos equivocamos tras analizar las opciones y el error es nuestro , siempre será más fácil asumir las consecuencias que si el error es de otro, de alguien externo.
  2. Responsabilizarnos: Nosotras modelamos nuestra vida, y lo que queremos que sea. Para ello, para conseguir nuestros sueños, necesitamos comprometernos con ellos, luchar por ellos y trabajar. Nadie regala nada. Eso sí, los resultados que obtenemos superan con creces los esfuerzos que nos han llevado a conseguirlos.
  3. Nosotras elegimos cómo vivir tras un cáncer: Es nuestra vida, y sólo tenemos una. De nosotros depende aprovecharla al máximo. Los médicos, el entorno, puede opinar, pero al final, la vida es nuestra, y quien la deja pasar por no atreverse, somos nosotras.

Si quieres tener un hijo, hacer ese viaje que nunca has hecho, cambiar de trabajo, o cambiar el mundo… ¿a qué esperas? ¡Adelante!

Teresa Ferreiro

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